LE DECLARO LA GUERRA A LA IGNORANCIA. 8 de Mayo del 2006

En México nos levanta el animo que unas personas hablen bien, ya sea de la Gastronomía, la “amabilidad”, las zonas turísticas, la historia prehispánica, etc. y nos molesta cuando nos dicen que nos hemos portado como hipócritas, barberos y mequetrefes, pues mientras ofrecemos asilo, refunfuñamos a las espaldas de la persona, y lo catalogamos por insoportable y argumentamos esto, en que deja todo regado, es un desordenado, incluso que hasta huele mal, porque han de recordar un dicho popular: “el muerto y el arrimado a los tres días apesta”. Nos interesa más la vida de otras personas para criticarla, destruirla o al menos manchar con verborrea su integridad.
¿Qué acaso no tenemos nuestra propia vida, una libertad que nos ofrece campos amplios de actuación y nuevos horizontes por explorar, De ser así, que es lo que pasa con nosotros, como pueblo, como sociedad, como individuos? ¿Qué acaso es más cómodo echarle la culpa a otros criticando sus acciones, aptitudes y equivocaciones, no será que nos molesta tanto esa persona, puesto que nosotros poseemos esas mismas equivocaciones y es por ello que las sabemos reconocer muy bien? ¿Qué pasa, será que el mexicano es feliz teniendo a 30 millones de hermanos pobres; viviendo en apariencias; cuando ellos viven a la orilla de un río contaminado o una calle con basura por doquier; será que nos gusta parodiarnos de nuestra propia desgracia; será que somos felices cuando dos televisoras principales, se empeñan en la labor de inculcar ignorancia; acaso es una procuración que tienen los empresarios para que el pueblo siga siendo ignorante y, así nos “hagan sentir satisfechos”? que pena me da nuestro caso, al observar que el mexicano aparte de ser conformista, chacotero, desorganizado, hipócrita se considera una victima, una de la sociedad , sin querer darse cuenta que son victimas de su propia ignorancia. Es por ello que “hoy le declaro la guerra a la ignorancia. Aquella que abate al pueblo donde vivo; a la ignorancia que provocada por unas inepcias, ciega al pueblo y los seculariza de toda acción social; lucho contra la propia ignorancia, la cual trata de invadirme, mediante el egoísmo la vanidad y la presunción. Esa que trata de esclavizar la libertad que posee cada individuo para tomar sus propias desiciones; esa que trata de ocultar la verdad”. Pero tal vez se preguntaran ¿Cuál verdad? Pues hablo de aquella que no es falsa, esa falsedad que se origina en las ideas erróneas de tratar a la sociedad como un enemigo, como una enfermedad leprosa de rápida transición. Esa mendiga falsedad de construir a lo largo de nuestra vida una prosopagnosia.
Tenemos que entender que nuestra individualidad nos permite ser libres, que como individuos somos totalmente sociales, que evolucionamos con la misma sociedad, que crecemos mediante la palabra, en cualquier lenguaje; que la palabra nos hace hombres y que el buen uso de está, entrega sin restricciones “la convivencia”. Pero ¿Cómo hacer buen uso de la palabra? Quizás se preguntaran. Y contesto, no existen otros caminos para mí, en este momento que la educación y la ética. La educación como un instrumento basado en la lógica y la ética como la reflexión de cada individuo, cada uno de nosotros debe hacer sobre su propia libertad. Hagamos a un lado a la flojera, la comodidad y tengamos acciones de intervención en contra del neofascismo, la hipocresía, la corrupción y en contra de su madre la putrefacta pero audaz ignorancia. No dejemos que otros decidan nuestro bienestar, nuestra educación tomemos la decisión de trabajar en el presente para construir un futuro con una sociedad civilizada y en paz. “no se trabaja mañana o ayer, se trabaja hoy”. Hoy recordamos no lo hacemos ni mañana ni ayer; hoy sentimos, lo de ayer es pasado y lo de mañana es incertidumbre”. Apóyense y apoyen a su sociedad y recuerden que: “el educar es instruir al hombre para el buen uso de su vida; el instruir libera; y entre la libertad y el buen uso vital, el hombre instruye para ser feliz”.

J.C.T.S